lunes, 17 de enero de 2011

el vaso del bambú

Estoy en el piso, con Cleo. Es otro, bastante viejo y feo, pero la casera es la misma. Viene a vernos por algo. Nos pregunta por Alicia y le decimos que ya no vive aquí. Desde hace un año. "¿Falta algo?", dice. Se hace un incómodo silencio. "Sssssí, se llevó un vaso de cristal y el remolque de una caravana." "Pues quiero que me lo devolváis." Me subo a un mueble. Hay libros y entre ellos, horquillas y pegatinas de árboles de navidad y cosas raras. Bajo un papel. Se lo doy. Nos insiste en que le devolvamos la maldita caravana, así que me voy a buscarla.

Pero antes decido entrar al Loli, a comprar unas patatas para hacer de comer. Le pido patatas y me da castañas. Le pido castañas y me da patatas pequeñitas.Me resigno y le digo que me ponga unas cuantas más. Voy a pagarle y le doy un billete de 50…ah, no, que lo llevo justo. Llevo el monedero a rebosar de billetes, qué gusto. Una señora que va detrás de mí se pone a gritarme que me vaya ya. Ya me voy, señora.

Voy andando por la calle y me llama Cleo, desde el piso, dice que la espere, que le tengo que abrir la puerta. Y veo a Alicia en su porche, con el remolque de la caravana y el vaso con el bambú encima. Pero me tengo que ir, seguro que cuando vuelva ya no está.

Entro al portal, hay dos entradas y delante del ascensor hay una puerta. La cierro y entro. Al 4º. Entra corriendo una chica, me dice que va al 2ºB, "bueno, la letra no importa" le digo. El ascensor no mide más de un metro veinte de alto, y vamos agachadas. La letra sí que importaba. De repente el ascensor empieza a moverse horizontalmente, y entra por todas las casas. Ya no hay ascensor, soy yo cogida a una barra al techo. Es la hora de la comida. "buenas tardes, que aproveche" les digo. Algunos me contestan, otros pasan de mí, se ve que están acostumbrados. Al fin y al cabo es su ascensor. Y llego a un baño grandísimo. Está mi prima Elena y su madre, Elena también. Las saludo por obligación. Elena madre se está duchando, gasta cantidades industriales de gel. Se enjuaga y se vuelve a echar… Ahora no es mi tía Elena, es mi tía Montse, pero se sigue duchando. Le digo si me deja lavarme las manos, pero no me ve, ni me oye.

Ahora estamos en su casa de campo. Está lavando el coche y yo mientras estoy dentro. Me llama y me dice algo. Ahora está pintando una barandilla de amarillo y lila. Le digo "¡gilipollas!" y entro a la casa corriendo. O salgo para dentro, porque ahora estoy en la calle, con Cleo, Andrea y más gente.

Estamos en una mesa y Elia dice: quien no escucha Lady Gaga tiene un problema con el metal. Me río y digo: tengo un problema con el metal. Y me mira y me dice: ¿tú, un problema con el metal? Si sólo escuchas Standstill. A eso me refería. Entonces un punk gordo con mejillas muy coloradas (creo que es la mezcla de dos personas reales) me dice: si Standstill sólo hace tintinininininini, así, con la guitarra. Mientras, juego con plásticos de los carretes de fotos. Junto tres y se los pongo en la cabeza. Y le digo: pues no escuches el último disco. Me pregunta que si fumo maría, y al contestarle que no, me dice que me voy a hinchar, que me va a obligar. Yo no quiero.

Hay por ahí un grafitti de palmeras.

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