lunes, 17 de enero de 2011

obsesión semanal II

Estamos en un centro comercial, Cleo, los gemelos y yo. Estamos viendo cosas, son las rebajas. Entramos a una tienda y veo unas cosas que me gustan. "Cleo, mira". No la veo. La busco por toda la tienda. No está. Ni los gemelos. El centro comercial es inmenso. Hay demasiada gente. Me agobio. ¿Dónde está? ¿Por qué se va sin avisar? Tras varias vueltas la encuentro en la peluquería. Le están poniendo más tinte en el flequillo. "Cleo, ¿por qué no me has dicho nada?" No me dice nada. "Me gusta tu pelo" "Ah, gracias" Le digo a la peluquera que me gusta cómo lo ha hecho y que algún día me pasaría. Decide peinarme ahora. Me rapa casi todo el pelo al cero. Y me deja un flequillo extraño que me llega a la nuca.

"Qué guapa vas" me dice la peluquera, "ya hemos terminado". Miro a Cleo y veo en ella un gesto de aprobación. Parece que me odia. De repente llega un hombre, bronceado, con perilla, chaleco y bastante amanerado. "Oh, por Dior, qué bella. Te falta un poco de rojo de labios" me dice. "Verás qué diferencia". Coge un pintalabios rojo "pasión" y me lo restriega por los labios y los dientes. Parece que todos me odian. Miro a Cleo de nuevo y le hago un gesto para que sepa que no me gusta y me quiero ir. Ella mira a la peluquera y las dos dicen una frase ridícula que se identifica con la peluquería. Luego se le acerca y le da un abrazo. Qué cosas más extrañas. Le pago y le doy las gracias, aunque, en realidad me gustaría matarla, por lo menos. Para sentirme algo mejor, le pongo cara de alegría y le pregunto si le puedo dar dos besos, en agradecimiento. "Claro que sí" contesta contenta. Ahí voy. Le restriego todo el carmín de los labios y los dientes por la cara y le digo que volveré pronto. Parece que no se ha enterado.

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